
El pasado 24 de septiembre, el Paraninfo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria acogió el acto de apertura del curso académico 2026-2027. La lección inaugural corrió a cargo del Prof. Luis Peña Quintana, catedrático emérito de Pediatría de la ULPGC y jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Materno Infantil de Canarias. Su título fue «Por una infancia feliz: retos y oportunidades. Un enfoque pediátrico centrado en el futuro».
La lección tuvo eco en los medios de comunicación. Puedes leer la cobertura en La Provincia, Europa Press y RTVC. Desde la Sociedad Canaria de Pediatría de Las Palmas queremos resumir sus ideas principales.
¿Qué necesita un niño para ser feliz?
El profesor Peña partió de una idea sencilla: el punto de partida determina la trayectoria vital. Un niño necesita salud, seguridad, afecto y oportunidades. A eso se suman la socialización, es decir, relaciones humanas de calidad, y la capacidad de ser independiente, con control de las emociones y resolución de problemas. Apoyó este planteamiento en el Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard, que muestra que las relaciones humanas son clave para la salud y el bienestar, mientras que el dinero y el estatus social no garantizan una vejez saludable.
Cuatro retos estructurales
1. Pobreza. La tasa AROPE de pobreza infantil y exclusión social en Canarias es del 41,1 %, frente al 33,8 % nacional (ECV 2025, población de 0 a 17 años). «Ningún niño y niña elige la familia en la que nace, ni el código postal en el que vive», recordó. La desigualdad empieza mucho antes de la escuela y se traduce en menos oportunidades en alimentación, vivienda y salud.
2. Obesidad. Según el estudio Aladino Canarias 2024, la obesidad infantil llega al 19,5 % y el exceso de peso al 45,8 %. Peña la definió como un problema del entorno, no individual, con causas que van de la nutrición al sedentarismo, el déficit de sueño y los determinantes socioeconómicos. Su frase resume el enfoque: «No podemos responsabilizar al niño de un entorno que nosotros hemos construido».
3. Salud mental. La arquitectura del bienestar se construye desde el inicio de la vida, con vínculos afectivos, hábitos de sueño, ejercicio, gestión del estrés, prevención de la soledad y un entorno familiar y escolar sano. Señaló como factores de riesgo el aislamiento y la sobreprotección, el perfeccionismo, la falta de escucha activa y el impacto de las redes sociales.
4. Tecnología. Planteó el coste de oportunidad del tiempo en pantalla: su uso temprano compite con el sueño, el juego libre, la actividad física, la conversación y las relaciones interpersonales. Los datos que presentó muestran diferencias marcadas entre uso problemático y no problemático. La ansiedad pasa del 17,5 % al 52,2 % y la depresión del 17 % al 51,1 %.
Los primeros 1.000 días: la gran ventana de oportunidad
Buena parte de la lección giró en torno a los primeros 1.000 días, desde la concepción hasta los dos años. En esa etapa el cerebro alcanza cerca del 80 % de su tamaño adulto, con una intensa formación de sinapsis y mielinización, además del crecimiento somático y la maduración del sistema inmune. Repasó sus momentos clave:
- Embarazo: el útero como primer entorno del desarrollo. El estrés y la dieta intrauterina pueden dejar huellas epigenéticas duraderas.
- Parto: más que un evento, una transición. Destacó el respeto fisiológico, el contacto piel con piel y la «hora de oro» para el vínculo.
- Lactancia: una intervención de salud pública con beneficios inmunológicos, nutricionales y afectivos. Recordó la recomendación de la OMS de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y complementaria hasta los dos años, con una perspectiva empática y no culpabilizadora hacia quienes usan sucedáneos por necesidad médica o elección informada.
- Microbiota: un «segundo genoma» con más de 3 millones de genes microbianos frente a unos 20.000 humanos. Se moldea desde el nacimiento, con la vía del parto, la alimentación y la exposición temprana a antibióticos como factores clave.
Frente al déficit nutricional y el estrés tóxico (privación afectiva, violencia), que reducen la neuroplasticidad y el crecimiento, propuso una combinación de nutrición adecuada y cuidado afectuoso y sensible, lo que llamó «nutrición afectiva».
Un mensaje de esperanza: la trayectoria puede reescribirse
Frente a cualquier determinismo, subrayó que los primeros 1.000 días son biológicamente determinantes, pero no irrecuperables. El cerebro infantil tiene una extraordinaria neuroplasticidad, y las carencias tempranas pueden mitigarse con entornos enriquecidos en etapas posteriores. Por eso propuso extender la intervención a los «siguientes 1.000 días» (de 2 a 5 años). En esa etapa hay que consolidar rutinas de salud, sueño y hábitos nutricionales, trabajar la alfabetización emocional y la autorregulación, proteger frente al estrés tóxico y garantizar entornos educativos de calidad.
De la evidencia a la acción
En obesidad, recordó el Plan de Prevención de la Obesidad Infantil en menores de 12 años en Canarias (POICAN), que actúa desde antes del embarazo hasta la infancia y en el que intervienen familia, centros educativos, profesionales sanitarios, sociedades científicas, instituciones, industria y medios de comunicación. En salud mental, insistió en tres ideas: jugar y relacionarse, crecer con referentes y escuchar y empatizar sin juzgar. En tecnología, recogió las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría (2024):
- Evitar por completo las pantallas de 0 a 6 años.
- Limitarlas a una hora al día a partir de los 6 años, con contenido educativo y supervisado.
- No superar las dos horas al día entre los 13 y los 16 años.
- Evitar el uso de tecnología una o dos horas antes de acostarse.
Una lección que interpela a toda la pediatría
Los cuatro retos que planteó el profesor Peña no se resuelven solo en la consulta, pero la pediatría tiene mucho que decir. Actuar antes, desde el embarazo y los primeros años, y hacerlo de forma coordinada con familias, escuelas y administraciones, es el mensaje que queda de esta lección inaugural. Desde la Sociedad Canaria de Pediatría de Las Palmas felicitamos al profesor Peña Quintana por una lección que pone la infancia canaria en la agenda pública.


